enlace RETROCESO CATOLICO UNA EVIDENCIA

Nos supera ya el islam.
No se trata de una cuestión de número, en realidad desde el punto de vista del evangelio la cuestión es completamente distinta. Cristo dice: "no temas, pequeño rebaño por qué vuestro padre se ha complacido en daros su reino" (Lucas 12,32). Pienso que con estas palabras Cristo responde mejor a los problemas que turban a algunos, y que quedan expresados en su pregunta. Pero Jesús va incluso más lejos: "el hijo del hombre, cuando venga en la Parusía, ¿encontrarán fe sobre la tierra?" (Lucas 18,8).
Tanto esta pregunta, como la expresión precedente sobre el pequeño rebaño, indican el profundo realismo por el que se regía Jesús en lo referente sus apóstoles. No los preparaba para éxitos fáciles. Hablaba claramente, hablaba de persecuciones que les esperaban a sus confesores. Al mismo tiempo iba construyendo la certeza de la fe. "Al padre le ha complacido dar el reino" a aquellos 12 hombres de Galilea, y por medio de ellos a toda la humanidad. Les amonestaba diciendo que en el camino de su misión, hacia la que los dirigía, les esperaban contrariedades y persecuciones, porque Él mismo iba a ser perseguido: "si me persiguen a mi, os perseguirán también a vosotros; pero sí han observado mi palabra, observarán también la vuestra" ( Juan 15,20).
Desde joven yo advertí que estas palabras contienen la esencia misma del evangelio. El evangelio no es la promesa de éxitos fáciles. No prometen una vida cómoda. Es exigente. Y al mismo tiempo es una gran promesa: la promesa de la vida eterna para el hombre sometido a la ley de la muerte; la promesa de la victoria, por medio de la fe, a ese hombre atemorizado por tantas derrotas.
En el evangelio está contenida una fundamental paradoja: para encontrar la vida, para nacer; hay que morir; para salvarse, hay que cargar con la Cruz. Esta es la verdad esencial del evangelio, que siempre y en todas partes chocará contra la protesta,sino el combate del hombre.
El número de católicos no es lo importante, lo importante es la capacidad de quienes están dispuestos a aceptar este reto. Lo importante es el futuro que a cada católico le espera tras su muerte en el otro mundo, a pesar de este mundo. La Iglesia Católica no va a vencer en este mundo; sólo Cristo ha vencido al mundo.
Tanto esta pregunta, como la expresión precedente sobre el pequeño rebaño, indican el profundo realismo por el que se regía Jesús en lo referente sus apóstoles. No los preparaba para éxitos fáciles. Hablaba claramente, hablaba de persecuciones que les esperaban a sus confesores. Al mismo tiempo iba construyendo la certeza de la fe. "Al padre le ha complacido dar el reino" a aquellos 12 hombres de Galilea, y por medio de ellos a toda la humanidad. Les amonestaba diciendo que en el camino de su misión, hacia la que los dirigía, les esperaban contrariedades y persecuciones, porque Él mismo iba a ser perseguido: "si me persiguen a mi, os perseguirán también a vosotros; pero sí han observado mi palabra, observarán también la vuestra" ( Juan 15,20).
Desde joven yo advertí que estas palabras contienen la esencia misma del evangelio. El evangelio no es la promesa de éxitos fáciles. No prometen una vida cómoda. Es exigente. Y al mismo tiempo es una gran promesa: la promesa de la vida eterna para el hombre sometido a la ley de la muerte; la promesa de la victoria, por medio de la fe, a ese hombre atemorizado por tantas derrotas.
En el evangelio está contenida una fundamental paradoja: para encontrar la vida, para nacer; hay que morir; para salvarse, hay que cargar con la Cruz. Esta es la verdad esencial del evangelio, que siempre y en todas partes chocará contra la protesta,sino el combate del hombre.
El número de católicos no es lo importante, lo importante es la capacidad de quienes están dispuestos a aceptar este reto. Lo importante es el futuro que a cada católico le espera tras su muerte en el otro mundo, a pesar de este mundo. La Iglesia Católica no va a vencer en este mundo; sólo Cristo ha vencido al mundo.
1 Comments:
Si bien la iglesia es responsable de siglos de retraso, en su momento los grandes pensadores fueron católicos
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