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PORQUE SERAN SACIADOS

NO SON EXTREMISTAS QUIENES DEFIENDEN POSICIONES RADICALES; LO SON, QUIENES CUALQUIERA QUE SEAN SUS IDEAS, TRATAN DE IMPONERLAS DE FORMA INTRANSIGENTE A LOS DEMAS, SIN RESPETAR QUE LA DIVERSIDAD DE PENSAMIENTO ES EL ACTIVO MAS PRECIOSO DE NUESTRA CONCIENCIA. LO QUE NOS HACE INDIVIDUOS LIBRES

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martes, mayo 22, 2007

EN EL MAR DE GALILEA


El cristianismo nació bajo el signo de la contradicción. Las primeras comunidades cristianas sintieron primero rechazó y la persecución del judaísmo y enseguida la del poderoso imperio romano, más cruel y sangrienta. Hubo muchos mártires, muchos que fueron testigos de una fe irrenunciable, pero no todos lo fueron: hubo apostasías y abandonos.

El cristianismo empezó como un cuerpo extraño en el paganismo del imperio. Los que querían ser fieles al evangelio tenían que ser necesariamente contraculturales; y sin embargo, entre el año 33 en que situamos la muerte de Cristo, y el año 70, desaparición de los últimos apóstoles que habían conocido al Señor; el cristianismo conoció la mayor expansión misionera de su historia. Aportaba una novedad -una experiencia de Dios que se traducía en una nueva fraternidad humana que tiene un sentido de la vida y de la muerte- desconocida hasta entonces. La iglesia ofrecía su rostro más fuertemente religioso y humanizador.
A partir del siglo cuarto el cristianismo abandona las catacumbas, para convertirse en la religión de las masas, y empieza a ser tentado,-y con frecuencia utilizado- por los poderes de este mundo. Ya no es perseguido, pero sí seducido, cae en la tentación. La túnica sagrada, sin costura de Cristo, símbolo de la unidad de la iglesia, que los legionarios no qusieron romper, se desgarra esta vez entre oriente y occidente.


La fe se pone a prueba en los tiempos oscuros. Pero el espíritu, esa fuerza secreta de la iglesia, hará surgir en el seno del pueblo cristiano fuertes e incesantes movimientos de reforma, de reconstrucción evangélica, de purificación de sus pecados. No conoce la iglesia muchos tiempos de sosiego a lo largo de su historia. Después de la incorporación de los pueblos germánicos al cristianismo en el siglo quinto, conocerá otro movimiento de increíble expansión misionera entre los siglos XVI y XVII, mientras vuelve a ser sacudida por nuevas rupturas centroeuropeas que serán contrarrestadas por una tardía pero vigorosa renovación católica.


Pero a la tensión sigue la relajación, que se produce por el cansancio de las controversias dogmáticas, y las tensiones desatadas frente a la ilustración, que representa el avance tecnológico, poniendo al descubierto muchas cuestiones que la iglesia consideraba verdades inmanentes. El racionalismo genera un proceso de secularización que asestó a la iglesia el primer golpe a su relevancia mundial en materia de autoridad moral; sin embargo, quien lo diría, como fiel guardiana y responsable de la fe, lentamente a la sazón, irá gestando una renovación interior; una clarificación de su identidad en contraste con el caudal imparable del materialismo de los siglos XIX y XX, comprobando como por mayor que sea la avance del hombre; éste sólo encuentra sentido en el evangelio de Cristo. Lo que hace brillar con luz propia su profético dicho " el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".


La iglesia ha conocido que existen tormentas a lo largo de sus 20 siglos de historia. Ha visto surgir y caer imperios. Ha escuchado profetas que anunciaban su muerte y desaparición. Pero todas las tempestades han terminado en calma y todos los naufragios condujeron a la reconstrucción. La reforma de la iglesia vino generada por su fuerza exterior. El espíritu santo, principio activo de la iglesia, con sus acciones imprevisibles, a veces dolorosas como partos, fue dando guardianes y custodios de su tesoro, los apropiados en cada momento historico, a la vez que religiosos y seglares excepcionales. Así nació el Cister, encerrando la verdad en conventos en los tiempos en que el papado estaba podrido; las órdenes militares cuando fue necesaria la espada para frenar al islam; Jesuitas y Dominicos, para los momentos expansión misionera; el Opus Dei para la infiltración en medio de la sociedad laica.

En el mar de Galilea la barca de Pedro se agitaba en la tempestad. Jesús dormía en la barca. Lo despertaron y dijo una palabra: ¿por qué sois tan cobardes? ¿Todavía no tenéis fe? Mc 4,35-41. En Marcos la barca es la iglesia y el mar es el mundo. La única garantía de los discípulos era la presencia del Señor en la barca. A lo largo de la historia de la iglesia este pasaje de Marcos se ha considerado como paradigma de la situación de la iglesia en el mundo.

Las tempestades son frecuentes y la calma es un paréntesis. Lo importante es que la tempestad no la desencadenemos los propios cristianos por nuestra torpeza; para ello es esencial ser fieles al evangelio, ¿lo somos? ¿Estamos haciendo lo que tenemos que hacer? Durante 20 siglos la iglesia predicó un mensaje fundamental: el mundo es una realidad de condena; aquí, reina el mal y su príncipe; Jesucristo abre una puerta de salvación, que el hombre decide si la cruza o no. Sólo se cruza de una forma; cumpliendo el mandato evangélico del amor. Como decía el padre Damián, " en el amor seréis juzgados"; pero fuera de él existe la condenación; ¿escuchamos algo de esto en nuestras iglesias? O se nos explica una salvación por descontado.

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