MAGESTAD: USTED ES CREYENTE

Este artículo apareció en el diario separatista vasco "EGIN" el domingo día 10 de octubre de 1993, entonces nadie se hizo eco del mismo; la fruta aún no estaba madura, ahora parece que sí. Se este o no en desacuerdo con su autor, el editor José Mari Espaza Zabalegui, y con la hipocresía que su postura representa, podría estar escrito por cualquiera de quienes creemos que la taición a un juramento, hecho poniendo a Dios por testigo, aunque sea persiguiendo las mejores intenciones, es uno de los actos más deleznables en los que puede incurrir el ser humano
Aprovecho este viaje a sus colonias del norte, para confesarle mi preocupación por su futuro. Basta hojear su biografía para darse cuenta del gran castigo que le espera. Usted, por perjuro, va a ir al infierno para toda la eternidad. Sabe usted que si una hormiga, caminando, lograra deshacer con sus pasos todo el globo terráqueo, nos encontraríamos todavía en el primer instante de la eternidad. Y usted seguir allí purgando, fundido en azufre. Uno puede ser jacobino y acompañar a su rey hasta el pie de la guillotina, pero ni un paso más. El infierno es la crueldad infinita, que los de mi bando, por violentos y republicanos que seamos, no se lo deseamos de un borbon.
Ustedes ya era hombre maduro, supuestamente en plenitud de facultades, cuando el 23 de julio de 1969 juro tres veces, es decir que puso a Dios por testigo otras tantas, que sería fiel a franco, a los principios del movimiento nacional y a las leyes fundamentales del reino. Defendió la legalidad política surgida del 18 de julio de 1936 y ante el clamor de la Cámara "Franco, Franco" concluyó, que supuso no temblaría en la defensa de los principios que acaba de jurar. Esta promesa la ratificó a la muerte del caudillo, convirtiéndole en reincidente. Luego posteriores juramentos abolieron lo anterior. Antes o después hubo grave perjurio.
Además no hay eximentes. Aunque aprendió tarde el castellano usted tenía que saber lo que estaba leyendo. Usted además es creyente y sabe que violar el segundo mandamiento es más grave que copular con Satanás.
Arrepiéntase majestad; todavía está a tiempo, otrora, pecados tan enormes se espiaban vistiendo de saco, ciñendo cilicios, pregonando uno su culpa a la puerta de los templos y dejándose humildemente azotar por los súbditos. Yo le confieso que por salvarle en la tierra no daría ni un solo paso, pero no me importaría aportar unos cuantos zurrieagazos plebeyos, para exculparle de esta eternidad que le espera. Y es que el infierno, ni para los reyes
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